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Hola amigos, hace unos días una amiga me hizo la siguiente pregunta: “Yo creo y confío mucho en Dios, pero viendo tantas tragedias que suceden, a veces a niños inocentes, cosas que no tendrían por qué vivir, me pregunto dónde está Dios, incluso si de verdad existe un Dios Bueno o Ángeles que nos cuiden de las cosas malas”.

La pregunta es muy difícil de abordar para mí porque es de una enorme importancia personal y porque pone en conflicto dos partes aparentemente antagónicas de mi sistema de creencias: Por un lado, mi experiencia espiritual y por otro lado mi visión pragmática sobre la realidad, que se basa en gran medida en mis conocimientos sobre ciencia. Entonces decidí darle a mi amiga una respuesta inmediata basándome en lo que consideré que ella necesitaba escuchar en ese momento, pero luego estuve meditando por varios días al respecto, leyendo algunos autores que respeto mucho hoy hago este video luego de haber llegado a una conclusión con la cual me siento cómodo.

Justo en estos días escuché una entrevista que le hicieron a Bertrand Rusell, en la cual le pedían que dijera qué consejo daría a futuras generaciones que lo recibieran. Entonces él dijo lo siguiente “Cuando estés estudiando cualquier tema o considerando cualquier filosofía, pregúntate a ti mismo solamente cuáles son los hechos y cuál es la verdad que esos hechos revelan. Nunca te dejes desviar, ya sea por lo que deseas creer o por lo que crees que te beneficiaría si así fuera creído. Observa única e individualmente cuáles son los hechos.

Entonces la cuestión de la existencia de Dios, viéndolo desde el punto de vista intelectual, habría que abordarlo con la rigurosidad de los hechos. Y los hechos palpables son contundentes: No hay una sola prueba irrefutable sobre la existencia de Dios, pero tampoco pruebas igualmente irrefutables de que no exista, de la misma forma en que no se puede asegurar que los unicornios no existen. De lo que sí hay pruebas irrefutables es de que, de existir, Dios no parece estar interesado en evitar desgracias en el mundo o de asegurar que la maldad desaparezca, al menos no en este mundo. Este tema de la bondad de Dios y de su participación en la vida de la humanidad ha sido muy debatida por filósofos, teólogos y científicos y las conclusiones van desde que Dios tiene un plan perfecto en el cual la maldad y las desgracias son necesarias a largo plazo y que no se pueden entender con la mente humana, hasta que Dios simplemente no existe y todo lo que sucede en el universo corresponde al producto del azar junto con las leyes físicas de la realidad en la que vivimos.

La discusión nunca va a terminar, porque cuando no hay evidencias, el único camino que queda es la experiencia personal, el camino del corazón. Pero de eso voy a hablar más adelante. Por ahora volvamos a los hechos: La maldad siempre ha existido y lo más probable es que siempre vaya a estar ahí. Las tragedias, el dolor y la muerte son parte de la vida, tanto como lo son la fortuna, la alegría y nuevos nacimientos. Todos disfrutamos de lo que nos produce placer y en mayor o mayor medida le tememos a lo que no conocemos o a lo que sabemos que nos causará dolor a nosotros mismos o a los que amamos.

Entonces claro, saber que hay un papá bueno y justo en el cielo, cuidándonos, premiándonos si somos buenos y castigando a los que se porten mal nos da tranquilidad, nos hace sentir seguros. Nos permite anestesiar el miedo que produce la incertidumbre y seguir adelante con nuestras vidas. También es bonito saber que hay alguien a quien podemos pedir favores, orarle para que nos complazca.

Esto me recuerda una historia que escuché en una película de la India, muy buena, que vi hace un par de años. Cuenta el protagonista que en una aldea había una torre alta, en donde todas las noches se hacía un personaje que cuidaba la aldea y de cuando en cuando gritaba: “Todo está bien!, Todo está bien” y así todos los aldeanos podían dormir tranquilos. Una noche, llegaron los malhechores y saquearon el pueblo, no dejaron ni una gallina. Entonces al otro día fueron a ver al celador y resultó que el pobre viejo era ciego, pero todos se sentían tranquilos cuando él gritaba “Todo está bien, todo está bien”.

Pues sucede que todos tenemos más de un celador como el del cuento: A veces es el contrato a término indefinido con el que ingenuamente creemos que tenemos asegurado un salario hasta que nos pensionemos o nos queramos ir para otro trabajo. Puede ser también el acta de matrimonio con la que creemos que esteremos con el ser amado hasta que la muerte nos separe, el seguro médico, los air bags del carro y para todo lo demás… existe MasterDIOS. Porque lo que no nos puedan asegurar la tecnología o los contratos, se lo encargamos a DIOS. Y tal como pagamos los seguros con dinero, los contratos con nuestro tiempo y el matrimonio con promesas, a DIOS le pagamos con oraciones, diezmos y alabanzas los domingos. Así funciona la mente humana, y para muchos eso es suficiente, pagar de alguna forma para tener algo tangible que nos de algo de seguridad, así sea el viejito ciego gritando “Todo está bien” desde la torre.

¿Entonces qué nos queda al otro lado? La fría visión materialista en la cual todo obedece al azar. Entonces voy a dar unos ejemplos para ver cómo funciona: En promedio, un colombiano tiene una probabilidad del 40% de lograr una pensión, 25% de llegar a los 90 años y de un 2%, o sea 2 de cada 100 lo logran, de vivir más de 100 años. Hay muchos eventos felices para los que no hay estadísticas pero que sabemos que ocurren con cierta frecuencia, como encontrar uno o dos buenos amigos en la vida, enamorarse al menos una vez en la vida, tener al menos un hijo, lograr conocer el mar o viajar a otro país. Casi a todos nos ha pasado la mayoría de esas cosas. Por otro lado, eventos afortunados como ganarse un Baloto suceden a 1 de cada 8,1 millones de personas.

De igual forma, todos los días estamos comprando boletas para eventos desafortunados que nadie se quiere ganar: Morir en un accidente de tránsito: 1 de cada 110 personas. Morir ahogado: 1 de cada 1100. Ser víctima de un accidente como peatón: 1 de cada 672. Ser golpeado por un rayo, 1 entre 175.000 o morir en un accidente aéreo 1 entre 11 millones. Comparando los números es claro que, por pura probabilidad, sin importar la religión, creencias, virtudes o méritos, la mayoría de las personas en La Tierra tendrán vidas tranquilas sin mayores tragedias que lamentar, aunque también sin demasiada fortuna.

Es más fácil ganar el baloto comprando un tiquete diario que morir en un avión tomando un vuelo diario. Incluso, analiza que es 16,000 veces más probable tener un accidente como peatón, que en un avión. Aun así, la mayoría de personas se sienten más seguros caminando por un andén que durante el aterrizaje de un avión. La diferencia es que los accidentes de peatones son tantos cada día que no son noticia sino parte de la estadística, en cambio la caída de un avión, por lo poco frecuente es noticia mundial.

En Colombia por ejemplo hay más o menos 11 millones de niños de menos de 14 años, de los cuales, más o menos 122 sufren algún tipo de abuso sexual CADA DÍA. Debería ser 0, pero la maldad existe y está ahí así que seguirá sucediendo hasta que la humanidad aprenda a erradicar ciertos tipos de maldad, así como hemos erradicado ciertos tipos de virus, aunque yo dudo que eso suceda.

Entonces, volvamos a la pregunta original “Dónde está Dios” y ¿cómo resuelve uno ese conflicto entre creer en un Dios que cuida, que premia y castiga o aceptar que no hay ningún Dios y simplemente estamos a merced de la suerte y las leyes de la física? Bueno, cada uno tiene que encontrar su propia respuesta así que yo voy a darles mi respuesta personal:

Yo creo que, como seres conscientes, tenemos la libertad de crear nuestra realidad de la forma en que lo elijamos. Puedo decidir creer solamente en el azar y las leyes naturales, así como miles de personas lo han hecho durante toda su vida y entonces todo lo que nos suceda va a encajar perfectamente en esa creencia, tal como lo demostré con las estadísticas que mencioné anteriormente. También podemos elegir creer en un Dios-Persona que dirige nuestras acciones y a quien debemos obediencia y usar esa figura para justificar nuestra fortuna y felicidad y culpar a nuestras malas acciones o las de nuestros ancestros por las tragedias que nos sucedan en la vida. Yo he elegido creer en una Divinidad consciente fuente de la vida y ordenador del Universo, pero no como una persona sino simplemente como la consciencia del Universo, de todo lo que existe, que se manifiesta de miles de millones de formas en cada uno de los seres que hacen parte de la Creación. Un Dios así no necesita que le pidan nada ni que le hagan ofrendas, mucho menos que lo adoren o le teman. Este Dios, a quien llamo Padre-Madre como representación del amor el equilibrio, existe a través de cada uno de nosotros y a través nuestro se experimenta a sí mismo, crea infinitamente y se desdobla en niveles infinitos de consciencia, desde una partícula elemental que existe en el reino de la física cuántica hasta la consciencia de cada mundo, cada estrella, cada galaxia.

Vivir la experiencia de ser una pequeña parte de ese DIOS, nos libera de la necesidad de complacer los caprichos de una deidad personal, pero nos hace responsables de la creación de nuestro propio destino: ¿Queremos vivir una vida de culpa y castigo? podemos hacerlo. ¿Queremos vivir una vida de amor, misericordia y aprendizaje? También es posible. Entonces, ¿cómo se explican la maldad y los infortunios en la vida? Para algunos, se trata de la mala suerte y la naturaleza humana, para otros el castigo por la desobediencia y la consecuencia de no vivir una vida en Dios. Para mí, la maldad humana es la manifestación de muchos seres conscientes que como experiencia de vida han elegido el dolor, el odio o la crueldad y las tragedias que nos suceden, como la consecuencia de nuestros propios actos o experiencias que elegimos experimentar para aprender algo que de otra forma no habríamos podido ver, o a veces como una forma traumática de salir de nuestra zona de confort y hacer cambios importantes en nuestra vida.

Entonces, ¿dónde está Dios? En las decisiones que tomamos. Pero no solamente sobre nuestros actos sino también sobre nuestros pensamientos, sobre la forma en que reaccionamos por las circunstancias que nos rodean. El dolor es inevitable, pero sufrir es una elección. La muerte por ejemplo es inevitable, sin embargo, todos queremos que llegue en el ocaso de nuestra vida y de una forma tranquila.

Si no sucede de esta forma para alguien que amamos, el dolor será una parte de la vida que tendremos que afrontar y atravesar, sin embargo, tenemos el poder de dejar ir a quien ya no está y mantenerlo vivo en nuestro corazón viviendo como esa persona quisiera que viviéramos, haciendo de nuestra vida una celebración y un homenaje a lo que esa persona nos entregó. Lo mismo aplica para una relación que terminó o un trabajo que ya no tenemos: Podríamos lamentarlo por el resto de la vida, o tomar la experiencia aprendida, sumarla a nuestras habilidades y luchar por algo mejor con cada nuevo amanecer.

Para mi esa es el verdadero regalo de la Divinidad: La promesa, no de que no nos ocurrirá nada doloroso, sino de que no importa lo que suceda, siempre, siempre hay un nuevo mañana y la posibilidad de ser felices nuevamente, sin importar lo injusto o doloroso que haya sido lo vivido.

Si vivimos con la consciencia despierta, responsables de construir nuestra realidad, descubrimos un poder enorme que nos convierte también en mejores personas: No haremos daño, no porque nos lo prohíba una religión, sino porque sabemos que las consecuencias de hacer daño son impredecibles y muy difíciles de manejar, así que elegimos el bien porque es la forma más segura de lograr el bien para nosotros mismos. Elegimos el amor porque sabemos que independientemente del efecto que éste tenga en los demás, a nosotros nos convierte en mejores personas, nos llena de felicidad, nos da felicidad. Elegimos el optimismo porque sabemos que el optimismo es magnético, poderoso, se contagia y nos hace más propensos a recibir regalos de la Existencia y somos Cuidadosos, porque sabemos que permanecer alertas y ser prudentes reduce enormemente la probabilidad de vivir infortunios. Pero si la tragedia nos toca, entonces recordamos que todo pasa, que absolutamente todo es pasajero y que siempre tendremos en el corazón una fuente de amor inagotable que puede reconstruir todo lo que se haya destruido.

Creer en todo esto no riñe con entender que la naturaleza no tiene moral y es salvaje, que nos regala todo lo necesario para vivir pero que también tiene ciclos de destrucción que son necesarios para que lo nuevo nazca. Pero nos regala una posibilidad, de igual que ella, volver a crear belleza donde antes hubo destrucción.

Bueno, dejo ese pensamiento ahí sembrado para que germine y crezca en cada persona a quien logre llegar y que el nuevo año esté lleno de luz para todos, de más consciencia y más amor. Se les quiere, y hasta pronto!

Manu (121 Posts)

Caminante del chamanismo y la sabiduría ancestral como ruta a la expansión de la consciencia, la sanación holística y el encuentro íntimo con la Divinidad.


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